Una Scooterada para gente decente
Con el sardónico subtítulo de “Una escuterada para gente decente” se celebró del 18 al 20 de mayo la segunda escuterada de los maguses. Uno piensa que este tipo de actos se presta a que determinada gente vaya a moñaguear durante un rato montada en moto , en vez de quedarse con el cuñao viendo el futbol o acompañando a la parienta al hiper a reponer la despensa, pero en casos como éste, sin embargo, te puedes llevar la agradable sorpresa de conocer a todos los escasos 50 primos inscritos, la no menos agradable sensación de haber recorrido la más espectacular ruta en vespa que recuerdas y la sensación final de haber dedicado un fin de semana a disfrutar del modo más natural que conoces.
La organización prometía una ruta de 80 kilómetros sin gasolineras “por los acantilados de la locura”. Tras ese críptico y apocalíptico título, nos encontramos con una sucesión de curvas, bañeras, sacacorchos, cuestas, precipicios, pantanos, pueblos ignotos e incluso puertos de los que no es fácil recordar nombres. Sólo sé decir que el escaso tiempo que no dedicaba a vigilar la matrícula del que llevaba delante lo empleaba en ver fugazmente los arroyos rumorosos, las laderas moteadas de blancas flores de jara, los cárdenos cantuesos en las cunetas y los distintos verdes: el verdinegro del pino, el insultante del fresno, el tamizado del roble y el dorado de la encina, cuyas flores pendían como miel de las ramas. Después de un pequeño contratiempo con un cable, nada que un alcarreño no pueda cambiar con una mano a la espalda, llegamos al lugar del almuerzo. Bendito arroyo. Su agua aliviaba los picores que mis ojos sufrían por el polen –de excelente calidad también, desde luego- mientras escuchaba los espasmódicos estornudos de Willy. De pronto, tras un aliso, apareció un pastor que en un pis-pas nos vendió varios quesos de cabra que acaso llevaba en una misteriosa caja de madera, a 7 euros, señora. Con la caja vacía, el lugareño desapareció tan presto y misterioso como había llegado. Allí, a la sombra de los árboles nos zampamos los emparedados y las birras y seguimos camino hacia no sabíamos dónde; de nuevo se sucedian pueblitos, curvas, riachuelos y pendientes. Coronamos el puerto de La Hiruela como una carrera ciclista, en varios grupos. Hay que decir que Sara estrenaba su vespita plurimatic y que Inés se defendía muy bien sobre su Primavera PK.
Llegamos a la comida tarde, como Dios manda, y las camareras rumanas ultraeficientes que nos servían hicieron que la “paela” me supiera a café con hielo, tal era su celo en servir y retirar platos. Ellas se iban a las 4.30 y si por ventura soltabas el tenedor, rápidamente alguna de ellas se avalanzaba sobre tu plato y se lo llevaba corriendo a la cocina... Atetsuo preguntó fijamente a la mejor dotada de ellas si tenía peras de postre. La camarera más veterana sacó del jardín a la prominente bisoña , que no entendía nuestras risitas. A esa hora, Peter Primavera había hecho honor a su nombre y me había dado un pastillazo contra la congestión alérgica, mano de santo. A la comida le sucedió un partido de blandifútbol en El Berrueco y la entrega de regalos rasca y gana: reloj, juego limpiazapatos, paraguas, guantes polipiel, etc. donados por Zoco, el del pacharán. Hay que decir que a esa hora, los niños de Carlos U-mod, Peter y Susi y Hugo gozaban como enanos sobre la hierba. Esto era una escuterada para gente decente, nada de vomitonas, botellones ni drogas orgiásticas, de momento. De vuelta a La Cabrera , punto de concentración, se celebró una gincana en una agradable terraza en la que no pudimos lucir como quisimos. Sólo Agustín paso a la segunda fase. Al final, Iñigo 6 años, se llevó el premio. Sin palabras. Sorteo de regalos, entrega de premios y hasta la noche. Un buen chaparrón serrano hizo bajar el mercurio al filo de las 11 y retrasó nuestra presencia en la fies. Pincha virtual, fotos y videos del recorrido y las consabidas fotos chorras nos hicieron pasar esta halfnigher .
A la mañana siguiente Alberto, fresco como una lechuga, nos tomó el relevo y junto a Agustín se dejó llevar por Alex, Rafa, Carlos, Félix, Pablo y compañía hacia Bustarviejo, donde se tomaron el vermut y se despidieron. Muy bien hijos, el disco muy bueno, sin canciones de Oasis esta vez, algo de agradecer; la camiseta, aunque negra, con un dibujo muy simpático (ahora se dice divertido) y fácilmente visible sin necesidad de lupa; la ruta magnífica y los inscritos, para lo que anda por ahí, no de los peores... Un abrazo a todos.
Enhorabuena y hasta el año que viene.
Jesús Arribas